
“… estoy por jubilarme y me siento un practicante...”
Dr. Alberto Esteban Szewczuk.
Che Alberto; te acordás allá por febrero del ‘48, el General decía que “no tiene que haber un hombre en el desamparo y la desgracia, sin una mano amiga que se tienda en su ayuda.” Fue por esa época o después que armaron la casilla de madera y chapa en el playón del Hospital Lucio Meléndez para atender los afectados de tuberculosis.
Viejo; menos mal que después cruzaron la calle y por el ‘60 armaron este dispensario, luminoso, arbolado… un remanso. Bueno… no te justifiques, algo se hizo, cambiaron ese equipito de rayos de bocha por uno de abreugrafías, justo ese día el hombre llegaba a la luna, después consiguieron una ampliación del edificio, la parroquia te donó esos muebles que se salvaron del incendio, para qué más?, si ustedes eran sólo 8 personas.
Dejáte de jorobar Alberto, eran otras épocas, sin el SIDA, ¡sin tantas otras cosas!...
Mirá los médicos europeos que te consultaron, no hace mucho por una afección, la tuberculosis, que creían tener superada, y comenzaba en el viejo continente a hacer estragos, y ahora lo ves: estamos todos socializados por el bacilo de Koch, pobres y ricos, jóvenes y viejos todos a merced de la enfermedad de los poetas (para quitarle ese carácter de infectocontagiosa).
No te hagas el humilde Alberto, cuántos casos atendiste? Cuántas familias pasaron por tu consultorio, que son las mismas que hoy preguntan por vos, ese médico canoso, viejito y de apellido difícil.
No me digas que no formaste un equipo de trabajo: los cruzados con el distintivo de la liga (antituberculosa) en el pecho… algunos quedan.
Vos en Vías Respiratorias creaste una Fundación sin estatutos, aún hoy nos respetan todos los referentes de distintas Zonas Sanitarias. ¡Cuántos seminarios, viejo! ¡Cuántas charlas! Me acuerdo de aquél que dictaste en el Hospital de Río Grande, a ellos les hablaste de Tuberculosis, después a nosotros de la belleza de la Patagonia y de esos lugares, de Lapataia, y de esos árboles inclinados por el viento pero con las raíces bien firmes en la tierra, y en las piedras a pesar de las inclemencias, todo un ejemplo.
Yo que vine por una suplencia, por un rato, con los idealismos a veces irrealizables de los jóvenes, acá estoy, no me arrepiento, y te lo agradezco.
Ahora, explicame cómo hacías para que todos llegáramos a confesarnos con vos. Como médico te reconocemos, como hombre te admiramos, y como compañero te agradecemos esa guía y esa palabra.
Che, cuál es la fórmula?
Escuchá, escuchá Alberto, el Día Internacional de la Lucha contra la Tuberculosis, ahí en la sala de espera de Vías Respiratorias, van a descubrir una placa…¡con tu nombre viejo!
Un homenaje sencillo y humilde como tus pacientes para recordar tu esfuerzo, tu tiempo, y tu sabiduría puestas a prueba en la lucha contra esta enfermedad, agendalo, te pido que no faltes , ahí vamos a estar todos, y de paso picamos algo.
Alberto, hace tiempo que no me regalás un libro, así que me decidí y comencé a escribir con nuestras anécdotas, la de nuestros amigos los médicos y la vida con los pacientes, el título es tuyo, te pido que no me cobres los derechos de autor, esta es la frase
“…ESTOY POR JUBILARME Y ME SIENTO UN PRACTICANTE…!!”
Jmc579@hotmail.com
Juan Manuel Caro.
Dr. Alberto Esteban Szewczuk.
Che Alberto; te acordás allá por febrero del ‘48, el General decía que “no tiene que haber un hombre en el desamparo y la desgracia, sin una mano amiga que se tienda en su ayuda.” Fue por esa época o después que armaron la casilla de madera y chapa en el playón del Hospital Lucio Meléndez para atender los afectados de tuberculosis.
Viejo; menos mal que después cruzaron la calle y por el ‘60 armaron este dispensario, luminoso, arbolado… un remanso. Bueno… no te justifiques, algo se hizo, cambiaron ese equipito de rayos de bocha por uno de abreugrafías, justo ese día el hombre llegaba a la luna, después consiguieron una ampliación del edificio, la parroquia te donó esos muebles que se salvaron del incendio, para qué más?, si ustedes eran sólo 8 personas.
Dejáte de jorobar Alberto, eran otras épocas, sin el SIDA, ¡sin tantas otras cosas!...
Mirá los médicos europeos que te consultaron, no hace mucho por una afección, la tuberculosis, que creían tener superada, y comenzaba en el viejo continente a hacer estragos, y ahora lo ves: estamos todos socializados por el bacilo de Koch, pobres y ricos, jóvenes y viejos todos a merced de la enfermedad de los poetas (para quitarle ese carácter de infectocontagiosa).
No te hagas el humilde Alberto, cuántos casos atendiste? Cuántas familias pasaron por tu consultorio, que son las mismas que hoy preguntan por vos, ese médico canoso, viejito y de apellido difícil.
No me digas que no formaste un equipo de trabajo: los cruzados con el distintivo de la liga (antituberculosa) en el pecho… algunos quedan.
Vos en Vías Respiratorias creaste una Fundación sin estatutos, aún hoy nos respetan todos los referentes de distintas Zonas Sanitarias. ¡Cuántos seminarios, viejo! ¡Cuántas charlas! Me acuerdo de aquél que dictaste en el Hospital de Río Grande, a ellos les hablaste de Tuberculosis, después a nosotros de la belleza de la Patagonia y de esos lugares, de Lapataia, y de esos árboles inclinados por el viento pero con las raíces bien firmes en la tierra, y en las piedras a pesar de las inclemencias, todo un ejemplo.
Yo que vine por una suplencia, por un rato, con los idealismos a veces irrealizables de los jóvenes, acá estoy, no me arrepiento, y te lo agradezco.
Ahora, explicame cómo hacías para que todos llegáramos a confesarnos con vos. Como médico te reconocemos, como hombre te admiramos, y como compañero te agradecemos esa guía y esa palabra.
Che, cuál es la fórmula?
Escuchá, escuchá Alberto, el Día Internacional de la Lucha contra la Tuberculosis, ahí en la sala de espera de Vías Respiratorias, van a descubrir una placa…¡con tu nombre viejo!
Un homenaje sencillo y humilde como tus pacientes para recordar tu esfuerzo, tu tiempo, y tu sabiduría puestas a prueba en la lucha contra esta enfermedad, agendalo, te pido que no faltes , ahí vamos a estar todos, y de paso picamos algo.
Alberto, hace tiempo que no me regalás un libro, así que me decidí y comencé a escribir con nuestras anécdotas, la de nuestros amigos los médicos y la vida con los pacientes, el título es tuyo, te pido que no me cobres los derechos de autor, esta es la frase
“…ESTOY POR JUBILARME Y ME SIENTO UN PRACTICANTE…!!”
Jmc579@hotmail.com
Juan Manuel Caro.
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