lunes, 27 de abril de 2009

"AZRAEL" monólogo teatral de González Juan Alberto

Se abre el telón, media luz sobre personaje vestido de gris, sentado, tomándose las piernas. Se levanta y camina cabizbajo mirando un reloj de arena.

- Una y otra vez me pregunto lo mismo, y una y otra venzo encuentro respuesta a la incógnita, siempre presente, que nace de lo más profundo de mí ser.
¡Es uno lo que su esencia marca, o es lo que marcan sus acciones! Por que mi escénica es de ángel, más mis acciones de sicario.

Abre sus manos y las luces se encienden.

- yo soy Azrael, gran ángel de la muerte, enviado de Dios, verdugo del Padre Tiempo. Nadie escapa a su mandato, nadie, ni reyes ni tiranos, ni ilustres ciudadanos, ni pobres desconocidos, ni profetas ni emisarios. Héroes y villanos cayeron bajo mis manos Enviados hacia cielo e infierno, por designio divino, gran juez el Destino.

Gira el reloj de arena, mientras hace una pausa.

- Sí, yo Azrael, acompañe a los mártires y estandartes, mientras el Padre Tiempo devoraba carne y voluntad…mientras que el tiempo también me devoraba.
Y un día me encontré solo, volando en la tierra, mis alas caídas por el peso de mi carga. Ese día, hace tiempo ya, me di cuenta de que no era un ángel como el resto, sino una insignia del infortunio.
Ya no fui asociado con los valientes, sino con la plaga y la infamia, eterno compañero del barquero Caronte.
Mi destino fue truncado, destrozado por la imagen del hombre. El oro y la gloria reemplazados por el miedo, donde las imágenes de las calaveras adornaban un oscuro cielo de fuego.

Apoya la mano en el pecho, recita lo siguiente retorciendo sus vestiduras.

- Los sueños se transformaban en pesadillas, las esperanzas en terror. El pánico apresaba los corazones nobles, y mis pasos hacían temblar al más temerario.
Mi índole fue antónimo de la vida, y fui desterrado de los palacios, encadenado a las miserias, con mi alma ultrajada, con mi cuerpo cubierto de lágrimas.

Patea el suelo enojado y grita desaforado.

- Pero pronto se acabará. ¡Sí, señores! Pronto se acabará su crueldad y tiranía.

Abre una parte del reloj de arena y comienza a esparcir su contenido pro el escenario.

- ¡Sí, señores! Pronto caerán sus imperios, pronto sus almas violentas se atacaran unas a otras, y el barquero tendrá que llevar tantas animas perdidas, que ya no habrá lugar ni para los parias.
Entonces me recordaran, señores, me recordarán.
Pedirán perdón, pero ya será tarde, ya me han insultado lo suficiente, ya no son dignos de nada.

Lanza el reloj fuera del escenario, y se oye como se rompe. Azrael mira sus manos.

- Pero no, yo no puedo hacer eso. No puedo tener ese rencor y ese odio, por que mi naturaleza es altruista, por que amor y perdón son las bases de mi escénica.

Cae de rodillas y con sus manos comienza a juntar arena.
- Comencemos de nuevo, por favor, insúltenme, témanme, ya nada me importa. Solo deseo llevarlos a un mundo mejor, donde sus penas no existan, donde sus lágrimas ya no sean producto del llanto, sino de la mas pura alegría.
Sus corazones unidos en la sublime felicidad de lo Absoluto.

Ya la arena recogida en un pequeño montoncito. Azrael se levanta y extiende sus brazos.

- Yo soy Azrael, divino ángel de la muerte, protector de humanos, custodio de esperanza.
Soy aquel que ampara al perdido, y acompaña al valiente, el Padre Tiempo es mi señor, mi guía, mi escudo.

Eleva los brazos hacia las luces.

- Yo cumplo un mandato, que no es tirano, sino agraciado.
Yo acompaño al fuerte, e ilumino al impuro, para que todos, absolutamente todos, sean juzgados con amor, y no por el infortunio.
Caen las luces, se cierra el telón.

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